miércoles, 28 de septiembre de 2011




PRINCIPIOS DE ECONOMIA EQUILIBRADA

P.R.Sarkar


Hay tres razones principales por las cuales las ciudades y estados perdieron su equilibrio económico en el pasado, y declinaron después de haber alcanzado la cima de la prosperidad. Primero, si la ciudad o estado se desarrollaba siguiendo el curso de un sistema fluvial, y el río repentinamente cambiaba su curso o se secaba, su economía era afectada adversamente. Segundo, el balance de la economía también se destruía si las industrias se mudaban lejos de las aldeas rurales. La tercera razón fue un sistema de educación defectuoso. El equilibrio económico se pierde si hay fallas en el sistema educacional rural y en el sistema social.

A fin de construir una economía sólida, entre un treinta y un cuarenta por ciento de la población de un área -ni más ni menos- debe depender directamente de la agricultura. Si el porcentaje es menor, la agricultura queda relegada. A la inversa, si es mayor, existirá una gran tensión sobre la agricultura. Esto es exactamente lo que ocurrió en Ra’r’h, y no solamente allí sino también a lo largo y ancho de Bengala, India, China y el sudeste de Asia. Para resolver este problema hoy se necesita un nuevo análisis socioeconómico.

Así como la agricultura tendrá que estar basada en un sistema científico, la industria también tendrá que ser organizada en perfecto ajuste con la agricultura. No es apropiado, bajo ninguna circunstancia, que el porcentaje de la población dependiente en forma directa de la agricultura exceda el cuarenta por ciento. Debido a que han sido destruidas las industrias rurales, la mayor parte de la población que alguna vez estuvo ocupada en ese sector ahora se ha dedicado a la agricultura. Para lograr un entorno económico perfectamente equilibrado, es necesario que alrededor del treinta al cuarenta por ciento de la población dependa directamente de la agricultura, y que cerca de un veinte por ciento dependa de las agroindustrias, veinte por ciento de las agricoindustrias, diez por ciento de los negocios y comercios generales, y un diez por ciento de oficios intelectuales o trabajos de oficina.

En India las industrias de aldeas se arruinaron, y quienes dependían de esas industrias se volvieron hacia la agricultura. Si bien el porcentaje de comerciantes no ha aumentado mucho, las oportunidades para un mayor crecimiento han disminuído. Además, la cantidad de postulantes para trabajos de oficina se ha incrementado, dando como resultado un alto índice de desempleo. Los hijos de campesinos rurales que han recibido un poco de educación, ya no desean trabajar en el campo. Quieren transformarse en los así llamados 'caballeros', enriqueciéndose con el trabajo de los demás. Ellos consideran que el trabajo agrícola es inferior. Como consecuencia, por un lado hay escasez de jóvenes educados en la agricultura, y por otro, se ha inclinado hacia esta actividad un número creciente de personas provenientes de las industrias rurales quebradas. En las áreas rurales, el porcentaje de la población dependiente de la agricultura ha subido hasta un setenta u ochenta por ciento. ¡Vaya situación intolerable!

Las industrias no agrícolas -tales como, plantas siderúrgicas, industria del bronce, metalurgia, refinerías de petróleo, industria de la sal y productos farmacéuticos no derivados de hierbas- son aquellas que no son agricoindustrias -como la producción de picos, hachas, palas y tractores- agroindustrias -como molinos de harina, procesadoras de yute, de aceite, de fibras textiles, de papel y de hierbas medicinales. El porcentaje de la población dedicada a industrias no agrícolas debe formarse reduciendo el porcentaje de gente dependiente directamente de la agricultura, las agricoindustrias y las agroindustrias. El porcentaje de la población dedicado a industrias no agrícolas tendrá que mantenerse entre el veinte y el treinta por ciento de la población total.

Si el porcentaje de población dedicado a industrias no agrícolas en un país es menor al veinte por ciento, se dice que ese país es industrialmente subdesarrollado. El ingreso per cápita no puede ser elevado. El estándar de vida tampoco puede ser muy alto puesto que se limita mucho el poder adquisitivo de la gente. A causa de la poca capacidad para comprar bienes de consumo, el índice de importaciones siempre es menor que el de exportaciones, o en otras palabras, el área debe quedar como satélite de otro país desarrollado. En consecuencia, el equilibrio del poder en el mundo corre peligro, y siempre es posible que haya guerra.

Si el porcentaje de personas dedicadas a industrias no agrícolas se mantiene entre el veinte y el treinta por ciento de la población, esto representa un estado de economía equilibrada, una estructura socioeconómica realmente balanceada. Si el porcentaje llega más allá del treinta por ciento, el área se vuelve industrialmente desarrollada. Luego, cuanto más aumenta este porcentaje por encima del treinta por ciento, más sobreindustrializada se vuelve el área. Para conseguir productos agrícolas, los países sobreindustrializados tratan de apoderarse de regiones o países productivos en agricultura, para transformarlos en sus satélites. Estos países sobreindustrializados también consideran necesario mantener bajo su control a los países industrialmente subdesarrollados, a fin de utilizarlos como mercado para sus productos terminados. Si no consiguen un mercado para vender los artículos de consumo que producen, sufren una depresión económica y un incremento del desempleo.

A este respecto no existe diferencia alguna entre los países comunistas y los no comunistas. Ambos tipos son igualmente agresivos en su enfoque. Buscan desesperadamente a ka’madhenu (una vaca mitológica que da tanta leche como su amo le exija). Quieren mantenerla amarrada a la puerta, alimentándola con la cantidad mínima posible de forraje. Es por esto que en el mundo actual existe tanta psicosis de guerra y amenaza militar.

Deben hacerse los esfuerzos necesarios para que todos los países del mundo puedan gozar de equilibrio socioeconómico en la agricultura y en la industria, de otra forma el balance socioeconómico del mundo se destruirá.

Las consecuencias dañinas de la sobreindustralización no solamente afectan la salud personal, social y nacional de la población, sino que también precipitan la gradual degeneración psíquica individual y colectiva. Puede surgir una especie de epidemia psíquica que envenene casi todas las expresiones de la vida y las destruya. Esto tal vez no ocurra hoy, pero con seguridad acontecerá en un futuro muy cercano.

En donde el sistema industrial (agroindustrias, agrico-industrias e industrias no agrícolas) depende de mano de obra externa, se llegará a una situación muy precaria. La velocidad de la degeneración psíquica aumentará rápidamente, y la población enfrentará una escasez permanente de alimentos. Habrá pocas posibilidades de expandir los mercados para sus bienes de consumo. Más bien, los mercados ya existentes, gradualmente se contraerán.

Como ejemplos podemos citar a Howrah, Hooghly, 24 Parganas y Burdwan, en Bengala Occidental. La mayoría de los trabajadores manuales en estos distritos son foráneos, razón por la cual la población local nunca tendrá un buen estándar de vida. No importa en cuán industrialmente desarrollados o sobreindustrializados se puedan convertir estos distritos. Siempre se verán seriamente afectados por las perjudiciales consecuencias internas de la sobreindus-trialización, y nunca gozarán de ningún beneficio de la industrialización. Este cuadro lamentable puede ser visto cada mañana y cada tarde en el distrito de Howrah.

Por otro lado, existen numerosas áreas en India donde el noventa por ciento de la población depende de la agricultura. No hay ningún tipo de industria en esas áreas. Son zonas de excedente de mano de obra. En una estructura socioeconómica equilibrada no existirá ni el exceso ni la falta de mano de obra. Nunca se permitirá que surja tal condición.

El sistema agrícola debe estructurarse como una industria. Es decir, los precios de la producción agrícola deben determinarse considerando factores básicos como el ingreso agrícola, los gastos y las necesidades. Los campesinos de Burdwan y Birbhum no deben ser forzados a vender sus productos a precios de remate; los agricultores del distrito de Hooghly no deben ser obligados a vender sus papas a precios sumamente bajos; y los campesinos del distrito de Nadia no deben tener que vender su yute a precios extremadamente reducidos para poder saldar sus deudas.

Calcuta, 6 de abril de 1986,  Shabda Cayanika’, parte 5


Como ustedes saben, en una economía equilibrada debe existir un ajuste apropiado entre agricultura, industria y comercio. Por ejemplo, un porcentaje fijo de la población debe dedicarse a la agricultura, otro porcentaje fijo a la industria, y otro porcentaje al comercio. De otra manera, no habrá equilibrio en la esfera socioeconómica de la vida.

Desafortunadamente, tal ajuste no existe actualmente en ningún país del mundo. Aún en los países industrialmente avanzados como Gran Bretaña, no hay un ajuste apropiado. Mientras que Inglaterra es desarrollada, Escocia está atrasada. Aún entre los condados de Inglaterra, existen algunos desarrollados y otros que están relegados. Lancaster, por ejemplo, está altamente desarrollado, mientras Yorkshire está subdesarrollado. Sussex, Essex y Kent no están desarrollados igualitariamente.

En Bengala algunos distritos están altamente desarrollados, mientras que otros están atrasados. La estructura económica no está equilibrada adecuadamente y debido a esto, la gente sufre. Por ejemplo, Calcuta, Hooghly, Howrah, Burdwan y 24 Parganas son industrialmente desarrollados, pero los distritos vecinos de Midnapore, Bankura, Birbhum y Murshidabad están atrasados. Por esto, se debe lograr una revolución industrial en el país. Así como hubo una Revolución Francesa, debe haber una revolución industrial en Bengala.

Para lograr esta revolución industrial no debemos depender de las materias primas provenientes de países extranjeros. Recuerden que ningún país debe depender de materias primas importadas para su desarrollo. Las materias primas autóctonas -esto es, los materiales disponibles dentro del mismo país- deben ser utilizados con ese fin. Quienes aman a la sociedad -aquellos que aman a la gente de su país y quieren con entusiasmo efectuar su elevación socioeconómica- deben pensar en términos de una revolución industrial basada en las materias primas disponibles en su propia unidad socioeconómica.

Los distritos del norte de Bengala (Coochbehar, Jalpaiguri, Darjeeling y Dinajpur Occidental) pueden producir y suministrar suficiente materia prima para el desarrollo industrial. Debemos utilizar las materias primas disponibles. Por ejemplo, el distrito de Coochbehar puede proveer yute y tabaco; el de Jalpaiguri puede suministrar fibras de piña; y el de Jalpaiguri Occidental puede dar fibras del yute. El distrito de Malda puede proveer mangos, fibras textiles, seda, salvado de arroz para producir aceite, yute y maíz que pueden ser utilizados para fabricar papel. La industria de la seda de Malda puede competir exitosamente con la de China y Japón, pero desafortunadamente Malda -que tiene tanto potencial industrial- es el tercer distrito más pobre de Bengala.

Deben hacerse estas cosas, y deben hacerse en un período corto. Ninguna industria de Bengala debe depender de las materias primas importadas del exterior. Ustedes deben llevar a cabo esta revolución. Deben trazar planes y programas en forma colectiva, y exigir ese cambio, esa revolución. No se demoren.

Calcuta, 17 de setiembre de 1987


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